Creció en Santa Marta, llegó a los principales noticieros del país y hoy, mientras disfruta las Fiestas del Mar, reafirma el cariño que siempre ha sentido por la ciudad que la vio crecer.

¡Ajá, Pipol! Hay personas que salen de Santa Marta a cumplir sus sueños y terminan conquistando escenarios nacionales. Pero también están quienes, sin importar hasta dónde lleguen, nunca dejan de hablar con orgullo de la tierra donde comenzaron a escribir su historia. Ese es el caso de Inés María Zabaraín, una de las periodistas y presentadoras más reconocidas de Colombia.

Su historia está profundamente ligada a Santa Marta. Aquí transcurrieron sus años de infancia y adolescencia, rodeada de la brisa, el mar, la música, los vecinos que terminaban siendo familia y esa forma tan auténtica de vivir que solo se encuentra en el Caribe colombiano.

Realizó sus estudios en el Colegio Divino Niño y posteriormente en el Colegio La Presentación, antes de trasladarse a Bogotá para estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Lo que nunca empacó en una maleta fue su esencia samaria.

De las calles de Santa Marta a los grandes noticieros del país

Su carrera comenzó en espacios periodísticos universitarios y posteriormente en el magazín Panorama. Más adelante llegó a QAP Noticias, donde empezó a abrirse camino en la televisión nacional.

Con el paso de los años hizo parte de importantes medios de comunicación como Noticias Caracol, CM&, Noticias RCN, además de participar en radio y revistas nacionales, consolidando una trayectoria de más de tres décadas frente a las cámaras.

Pero más allá de los premios, los estudios de televisión y los grandes titulares, Inés María ha logrado mantenerse vigente gracias a una combinación de profesionalismo, cercanía y autenticidad que la ha convertido en una de las periodistas más queridas por los colombianos.

Una samaria que nunca ha dejado de serlo

Aunque gran parte de su vida profesional se ha desarrollado en Bogotá, Inés María nunca ha escondido el profundo amor que siente por Santa Marta.

En diferentes entrevistas ha recordado con emoción su infancia entre la brisa, las calles tranquilas, la música, las reuniones familiares y esa calidez que caracteriza a la gente de esta tierra. También ha confesado que conserva con orgullo su acento costeño y que escuchar una buena cumbia sigue siendo una de las cosas que más la conectan con sus raíces.

Su vínculo con Santa Marta también hace parte de su historia familiar. En esta ciudad contrajo matrimonio con el periodista Jorge Alfredo Vargas, con quien ha construido una familia y ha procurado que sus hijos también conozcan y valoren el lugar donde comenzó su propia historia.

Celebrando las Fiestas del Mar

Este año, Inés María regresó a Santa Marta para disfrutar de las tradicionales Fiestas del Mar, una celebración que reúne lo mejor de la cultura, la música, la gastronomía y el orgullo samario.

Durante su visita, aprovechó para enviar un saludo muy especial a todos los samarios a través de la comunidad de Samarian Pipol, expresando el cariño que siempre ha sentido por la ciudad y la alegría de volver a encontrarse con su gente en una de las épocas más importantes del calendario samario.

Porque, como suele ocurrir con quienes nacen o crecen frente a esta bahía, la distancia podrá cambiar el lugar donde viven, pero difícilmente borra el amor por la ciudad.

Una historia que inspira

La trayectoria de Inés María Zabaraín demuestra que el talento, la disciplina y la preparación pueden llevar muy lejos, pero también que las raíces nunca se pierden cuando se llevan en el corazón.

Hoy continúa siendo una de las voces más respetadas del periodismo colombiano y, al mismo tiempo, una orgullosa embajadora de Santa Marta, una ciudad que sigue presente en sus recuerdos, en su familia y en cada oportunidad que tiene para hablar de ella.

En Samarias Top celebramos a quienes dejan huella dentro y fuera de nuestra ciudad. Y la historia de Inés María Zabaraín es una prueba de que siempre hay un pedacito de Santa Marta acompañando a quienes nacieron para llegar muy lejos.